Reconectar con tu verdadera esencia
Hace poco me preguntaron: "¿Para qué voy a mirar hacia adentro, si lo que hay ahí duele?"
Bueno, déjame decirte que lo comprendo, que sé de lo que hablas y que la reacción humana más frecuente es negar, mirar hacia otro lado, o pretender que las cosas nunca sucedieron.
Estas resistencias van profundizando la distancia entre lo que sientes y lo que al mismo tiempo vas tapando casi de manera automática, de la mano de tu atención desplazada hacia mil y un distractores externos que sirven para aliviar momentáneamente aquello que está oprimiendo.
Sin embargo, una parte de ti sabe que es preciso frenar y hacerle un espacio a eso que necesita ser escuchado. Callada y pacientemente, ese algo sutil dentro de ti aguarda a por tu atención consciente.
Cuando comienzas a mirar con franqueza las heridas que cargas en la mochila, cuando las nombras y les pones palabras, cuando revives emociones, vivencias y escenas que han dejado una huella profunda, solo ahí un hilo de alivio podrá sobrevenir.
La tensión interna se va desinflando poco a poco, pues ya no la tienes acorralada y escondida pretendiendo que sea invisible o que nunca ha habitado dentro de ti.
Ninguno de nosotros está exento de las experiencias de dolor, pues son ellas las que nos permiten crecer y volvernos seres más completos.